jueves, 23 de julio de 2009

Los gitanos

Si la semana pasada estuvimos funcionando a medio gas, esta semana de pronto nos hemos disparado. Un tráiler por la mañana y casi un camión por la tarde, en dos horas y media que hemos estado trabajando. No es poco, la verdad. Y menos si consideramos que el tiempo hoy era el peor que nos ha tocado pasar.

Por la tarde volvieron a aparecer los dos gitanos, Angel el Arandelas y su ayudante (de cuyo nombre ya no me acuerdo). El mote le viene por las gafas de intelectual que gasta: montura metálica muy delgada y cristales elípticos más bien pequeños.

Habían estado ya por la mañana -era el primer día que se subían a la máquina esta campaña, aunque el tal Angel ya se la conocía mejor que Antonio.- Y me sorprendieron por lo responsables y trabajadores que son. No se escaquean de nada y cumplen como el que mejor. Para que luego digan.

A primera hora estuve reparando con Antonio la pantalla de goma que se había rasgado. Al final resultó que se había rajado por culpa del airón de esta noche, lo cual nos libra de la obligación de encontrar al culpable. La reparación, rústica aunque sólida, consistió en atornillar dos chapas dejando la goma entre medias. Bueno, sospecho que si los alemanes que diseñaron y construyeron la máquina hubieran visto el arreglo se habrían quedado con los pelos como clavos.

La campaña arranca... y se complica

Esta noche hubo temporal. La lluvia no debió ser gran cosa, unos 3 litros por metro cuadrado: nada que sirva para regar el césped y hacerlo reverdecer. El mío, por ejemplo, sigue con una esquina seca y ni el agua de esta noche lo ha arreglado, ni lo arreglará. Pero no deja de ser curioso que, de pronto, en pleno mes de Julio, venga un frente de lluvia y el clima recuerde más a Abril que a Julio. En fin, debe tratarse del enfriamiento global del que todavía nadie habla.

En el pedregal de Antonio el efecto del agua ha sido, en cambio, tremendo. El barro atascaba todas las correas de púas de goma, y la máquina se negaba a seleccionar las piedras y a separarlas de las patatas. Arriba íbamos siete, y no teníamos manos para quitar los chinarros antes de que llegaran a la tolva. Tiene huevos que, con la cantidad de piedras que hay en esa tierra, sin embargo se forme tanto barro. A lo mejor me equivoco, pero yo creo que esa tierra sólo es buena para chalés. De lujo, eso sí.

Antonio iba de buenos cojones en el tractor. Le tocó parar a limpiar más de tres veces, y no paraba de jurar. La máquina se atascaba con el barrizal y, aunque se movía, dejaba de hacer su tarea de seleccionar las patatas y separarlas del resto de las cosas que da la tierra: terrones, malas hierbas, pedruscos... Encima, y para acabar de arreglarlo, alguien cortó la noche pasada una de las gomas de la cosechadora y le jodió con ello una buena cantidad de euros. Así que iba contento en el John Deere.

Yo nunca me había dado el tute que me pegué esta mañana, ni siquiera el primer día -que suele ser el más jodido porque todo te coge desprevenido y naturalmente desentrenado-. Además, y para rematar, hoy hicimos la jornada más larga desde que arrancó la campaña hace ya semana y media. Y eso que no hemos terminado: por la tarde seguiremos.

Hasta hoy el mercado estaba paralizado. El el almacén de Antonio ya no cabía una saca más; ahí había ido acumulando todo lo que se había recogido. Pero de pronto los compradores deben haberse desperezado, porque en un solo día van a salir una ochenta toneladas de patata. Y eso quiere decir que nos va a tocar hacer horas con cojones. Como para muestra sirve un botón, baste decir que esta tarde a las 4:30 h volveremos al corte. Ya veremos cuántas sacas hacemos.

Sólo queda pedirle a Dios que, ya que se negó a llover por abril, no nos toque ahora los cojones y nos mande el tiempo reglamentario del mes de Julio, que es en el que estamos.

***

Por cierto, ¿figurará este golpe de tiempo frío en el Calendario Zaragozano? ¿Lo habrá previsto el difunto d. Mariano de Ocsiero (o sus herederos)?

Lo investigaré y esta tarde sin falta le preguntaré a Antonio al respecto. Y, ya puestos, de ahora en adelante llevaré la cámara de fotos para ilustrar este blog, cosa que le vendrá bien: le dará un conveniente toque profesional.